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viernes, 16 de octubre de 2009

MUERTECITOS,Liddell

MUERTECITOS

FUGA XI

Papá nos quería mucho. Aunque era un hombre seco y reservado. Recuerdo cuando jugábamos a los muertos; si mamá no estaba en casa él nos mandaba tendernos en la cama y simular que éramos niños muertos.

Mi hermano y yo nos partíamos de risa, nos movíamos y abríamos los ojos, hasta que papá se enfadaba y por el tono de su voz sabíamos que iba en serio, entonces nos quedábamos quietos y él nos contemplaba. Luego nos traía chucherías y nos pedía silencio.

Recuerdo que el juego se fue complicando. Cuando mamá trabajaba papá compraba flores y nos hacía vestir con traje y corbata. Instalaba cirios encendidos y nos colocaba algodones en las fosas nasales y una venda desde la parte inferior de la barbilla hasta la parte alta de la cabeza. Así rodeados de flores y con las manos en el pecho decía que éramos unos muertecitos muy lindos.

Es verdad que abusábamos de él, pues cuanto más raro era el juego más costosos eran los regalos exigidos, pero él cumplió siempre. Cuando se acababa el juego componíamos ramos con las flores y se los regalábamos a mamá. Se ponía tan contenta....


Si se soñó o fue narrado es irrelevante .

LOGARRITMO,Hipnopompo el osado durmiente.

martes, 13 de octubre de 2009

QUIEN LO PROBÓ LO SABE

Desmayarse

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso:

no hallar fuera del bien centro y reposo, 5
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso:

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave, 10
olvidar el provecho, amar el daño:

creer que el cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño,
¡esto es amor! quien lo probó lo sabe

Lope de Vega.

sábado, 26 de septiembre de 2009

EL LENGUAJE OLVIDADO

La mentira ambiente no acaba con la resistencia histérica. Ésta se cierra en banda y no se rinde. Delimita un círculo alrededor de una parte de su cuerpo y más allá hay algo que ya no responde a los estímulos del mundo exterior: anestesia, parálisis, ceguera, sordera. En este cercado sobrevive la verdad histérica, como los indios o los pájaros raros sobreviven en las reservas adonde los ha reducido la civilización. La comparación aún puede llevarse más lejos. Lo que queda protegido por la cerca está en vías de desaparición, tanto más por cuanto habla una lengua olvidada, inadaptable a las exigencias de una civilización cada vez más colectivizada[...] Para evitar el destino del Salvaje que se encuentra perdido como un niño en un mundo de adultos, en un ambiente que sin hablar la misma lengua utiliza las mismas palabras, al histérico sólo le queda salvar sus muebles poniéndolos unos encima de otros en una guarida segura, esperando que un día un arqueólogo descubrirá el tesoro y encontrará su significado.

Este apólogo recuerda que el síntoma esconde algo y que el secreto de este algo está protegido por una muralla que como toda fortificación se presenta como portadora de signos. LA muralla obtiene toda su eficacia defensiva del miedo de los que no se atreven a venturarse fuera de ella ni a cruzar fronteras.

La delimitación inscrita en el cuerpo ya la hemos descrito en el estudio de los síntomas, tanto si se trata de los límites concretos de anestesia, de la sombra de ojos del maquellaje femenino o de un estrechamiento del cuerpo resaltado por alguna joya.

[...] Cuando Freud dice que el histérico padece de reminiscencias, podemos entender esta reminiscencia como algo diferente del recuerdo. En la reminiscencia hay algo que falta a la palabra, algo que no se arriesga a adherirse a ella y es esta privación la que se inscribe en el cuerpo como síntoma somático.

Recordemos que uno de los elementos de la mentira de los padres en era el silencio del padre que autoriza la duplicidad del discurso materno. Este silencio no es obligatoriamente material. El padre en cuestión puede hablar mucho, discursear o gritar. Pero está desacreditado porque no es el hombre deseado por la madre. este enraizamiento de la mentira muestra también lo que la palabra exige para ser creíble: que implique aquella referencia última que uno ha arriesgado a escoger.

El riesgo viene de que el padre es limitado, puede fallar o desfallecer y puede perderse el objeto de deseo. No hay deseo sin riesgo. Y la búsqueda del maestro, era la búsqueda de este susutituto del padre que hubiera podido ofrecerse al deseo materno o sobre todo, quizá suscitarlo. El maestro como el padre, tiene sus límites y no logra dar con la palabra que hubiera sido ley y hubiera desatado al niño de su madre. Pero el naufragio en esta madre no es total ya que hay un signo que queda inscrito en el cuerpo, un mensaje a descifrar cuyo contenido lo desconoce quien lo lleva.

En esta insuficiencia de la palabra son posible todos los grados y por tanto todos los signos de neurosis: desde la que se ofrece a la conquista del sujeto por sí mismso, conquista que permite traspasar el límite y explorar más allá; hasta la que lo fija dentro de una armadura de inadaptacón y lo reduce a una caricatura.

El síntoma histérico ocupa el lugar de la palabra y encuentra su razón de ser en esta insuficiencia; es aquí donde hay que tratar de descifrarlo. Toma el lugar de una palabra no dicha e insiste en hacerse oír. Los síntomas más relevantes son la falta de percepción: anestesia, transtornos sensoriales, frigidez. El histérico busca una palabra que ose hacer frente a sus propios límites y con ello le autorice a conquistar el más allá.

El síntoma histérico expresa, aunque de forma muy limitada, un Yo no soy completo/a. Este reconocimiento, que a la vez solicita también al prójimo, es la condición previa de toda creación personal. Ser incompleta/o permite todas las esperanzas de invención pero expone al sujeto a la angustia de las mañanas desconocidas, mañanas que, ya lo hemos dicho, estaban simbolizadas por la muerte.

La neuroris se detiene en el momento de franquear los límites porque no ha encontrado nunca nadie que acepte el riesgo. Una enorme conspiración de una civilización que presenta la vida como e bien supremo le retiene en esta acitud; sin embargo, este mensaje, expresado en una lengua conocida por el sujeto, contradice aquella pretensión.

En cuanto se levante la barrera neurótica la histérica/o se convertirá en una mujer u hombre dispuesto a pasar por todas las experiencias y descubrirá su terrae incognitae; quizá el placer será una de las vías que investigará.

La contradicción entre el deseo de ser incompleto y la preocupación por la perfección sólo es parente. La búsqueda de la perfección es la vertiente consciente del síntoma, aprobada y sostenida por un medio que está a la vez en la búsqueda de su propia seguridad. La verdad del síntoma, es decir su vertiente inconsciente, con mucho la más importante, radica en esta afirmación prohibida: No soy completo/A.

La histeria, el sexo y el médico, Lucien Israël . El texto lo he sacado del capítulo " Una sexualidad diferente"

miércoles, 23 de septiembre de 2009

LA REINA DE LA NOCHE

La versión de Botticelli nos muestra una dulce y vaporosa Judith que regresa llevando en una mano la espada y en la otra una rama de olivo, símbolo de la paz.



MADRES HISTÉRICAS

Estas madres inquietantes, estas "mums" americanas no tienen nada de tranquilizante, no evocan la buena madre, más bien parecen mantis religiosas enarbolando máscaras amenazadoras. La histérica envejece con el marido reducido a su mínima expresión y disfruta de sus hijos reducidos a la esclavitud. Las hijas atadas por su papel de simple reflejo de la madre, los hijos inmovilizados por la psicosis o la infantilización masiva. Orgullosa de esa prole que exhibe y habiendo olvidado que prácticamente nunca ha sido mujer ( esto lo esconde mostrando, blandiendo todo un saber sobre la feminidad y la sexualidad), pasea su abdomen innumerable, triunfante en su papel de reina. La etología nos da una vez más el ejemplo de esas reinas de los hormigueros, de las colmenas y de las conejeras de las que depende la colonia entera y a la que ha bastado un solo macho para fecundar y aún su existencia ha finalizado en seguida en medio del desinterés general. Nada nos dice que estas "reinas" gocen de su poder entre los insectos que viven en sociedad, somos nosotros quienes las llamamos reinas. La histérica, por el contrario, ha escogido su papel, es ella la que quiere representar la imagen del triunfo de la mujer. Únicamente algunos signos permiten comprender que, en esta forma evolutiva de la neurosis, se trata de un triuno de la muerte. Estas madres todopoderosas sienten, en efecto, alguna preocupación por los hijos, a menudo comprometidos en acciones, que ciertamente las enorgullecen y las engrandecen, rodeándolas de una aureola de heroísmo.

El embarazo, temido por todos los que la rodean, será para la histérica un periodo de bienestar: desaparición del síntoma, mejora del carácter. A veces incluso desaparición transitoria de la frigidez. El niño se toma aquí al pie de la letra como objeto de exhibición: es extraño que adquiera para la histérica el sentido de creación, es decir, de aparición de algo nuevo. Para ella el lugar del niño está marcado tiempo ha. Viene a llenar el hueco de algo que le faltaba. Compensa lo que se le debía y no se ha obtenido. Se espera del niño que responda a ciertas exigencias, no precisamente que aporte algo nuevo, algo imprevisto. No tendrá la posibilidad de construir o inventar su mundo. Pero si por una circunstancia favorable escapa al modelo preconcebido, entonces su madre dará curso libre a un nuevo resurgir de síntomas.

Creer en la posibilidad de hacer un retrato robot de cualquier constelación familiar sería una superchería. Ni siquiera las estructuras, esos elementos estables, permanetes de la personalidad son siempre las mismas. Las madres de las histéricas pueden ser histéricas a su vez. Pero también pueden ser obsesivas e incluso psicópatas. Habría que recordar aquí que la estructura del psicópata es muy frecuente.

La histeria, el sexo y el médico, Lucien Israël

domingo, 12 de julio de 2009

SAL, PAN MALO

La Sal mala para Ulceras

Las personas que consumen sal en exceso corren el peligro de sufrir un agravamiento de sus úlceras gástricas, reveló hoy un estudio.

Según Hanann Gancz, de la Universidad de Ciencias de la Salud de Maryland, las altas concentraciones de sal en el estómago parecen inducir la actividad de la bacteria “Helicobacter pylori” que causa las úlceras.

Esa actividad las hace más virulentas y aumenta la probabilidad de que el problema gástrico se agudice, agregó.

“Aparentemente el patógeno estomacal H.Pylori observa la dieta de las personas que infecta. Existe una vinculación entre la bacteria y la composición de la dieta humana. Esto es especialmente cierto en las dietas ricas en sal”, señaló.
La bacteria puede vivir en el ambiente acídico del estómago y en el duodeno y se le considera la causa principal de las úlceras gástricas.

La infección provoca gastritis y las personas afectadas corren mayor peligro de desarrollar cáncer gástrico, según el informe.

En Estados Unidos la infección ha sido detectada en mayor medida entre personas de bajos ingresos y adultos mayores.

Sin embargo, la mayor parte no muestra síntomas y solo un pequeño porcentaje desarrolla la enfermedad.